
Que florezcan mil Ludovicas
Debo escribir un libro de predicciones,
cuando en realidad tengo ganas de
escribir un libro de amor.
Prólogo al Horóscopo chino.
Nunca fui Funes el memorioso, por lo que acordarme hasta del día en el que estoy más de una vez me pareció una odisea. Pero hay un momento que sí puedo repasar con todo detalle. Yo, cinco años, piyama porque hacía frío, tirado en la cama leyendo el tomo tres de Quino. De repente el grito: “¡mamá!”. Y la pregunta clave: ¿por qué en esta viñeta el papá de Mafalda se viste de Papá Noel? Mis viejos tuvieron que confesar y empezaron con que en verdad, bueno, no es que no existe, las ilusiones también son reales, y yo –que entendí adonde iban tantas vueltas– sentí que mi infancia se escapaba entre globos de diálogo.
A partir de esa primera manzana que me sacó del paraíso, le declaré la guerra a los libros. En esos años de Cartoon Network y Nivel X había, sin embargo, un texto que esperaba con ganas. Mi mamá, entre obras sobre teoría del arte y Vigilar y castigar, se regalaba a sí misma en Navidad el horóscopo chino de Ludovica Squirru. Ese costado esotérico de la intelectual de la familia terminó siendo agradecido por todos. Después de abrir la bolsa de regalos, nos peleábamos por ver quién leía primero las predicciones para el año que estaba por empezar. Así, desfilábamos entre páginas que hablaban de la energía cósmica, el I Ching y la importancia del feed-back. Mi abuela se aburría enseguida y decía que ese libro hablaba puras pavadas, mientras mi hermano preguntaba qué fumaba esa mina para escribir las boludeces que escribe. Mi tía –devota del feng shui y otras pseudociencias que suelen calar hondo a partir de los cuarenta– no largaba el horóscopo chino por horas. Yo, que todavía conservo las predicciones del año en el que nací, sé casi de memoria que en tierras orientales soy caballo de metal.
Con el tiempo, las profecías comenzaron a parecerse cada vez más y me terminó cansando que Ludovica insistiera con que mi espíritu equino me hace vivir al galope. La adolescencia pasa y uno empieza con Rayuela para terminar citando a Derrida. En el medio te avergonzás de las huevadas que leías cuando eras chico y le agradecés a tu habitus que te permitió escapar de tanta basura de la industria cultural. Y ahí, justo en ese momento que te sentís hecho, aparece tu hermana diciéndote que estuvo revisando tu blog y que le parecía que escribías parecido a la mina del Horóscopo chino. Al principio te dan ganas de putearla, de decirle que tanto Bourdieu para qué, pero en el fondo sabés que Ludovica Squirru te enseñó a escribir tanto como el Ulises o Roberto Arlt.
11 comentarios:
se dicen muchas cosas sobre lo que se es:
uno es lo que come
lo que escribe
lo que dice
lo que piensa
pero también uno es lo que lee.
todo lo que lee. algunas cosas tal vez se filtren, otras tal vez se incorporan o influyan. y otras a lo sumo, uno las aplica.
Y que el TAO nos sea propicio.
me has sorprendido... francamente...
no te tenía tan esotérico tourni
le amamos profundamente.
Ludovica y el cósmos me cagaron la vida. Soy conejo de fuego, se supone que era MI año.. no que iba a ser el peor de todos
2012 es el mio!!! Encima es DRAGóN! Y creo que de fuego. Se viene el fin. #lapocalipsis
Ludovica y su horóscopo, fieles compañeros de playa si los hay.
Jajaja
muy lindo gas!
Con razón nuestras madres se caen bien.
Besos!
de nuevo feliz por volver a leerte, con Ludovica no tengo el gusto, pero si escribe como vos cuando saque la antología completa Alfaguara, lo compro de una !
Oi Gaston,
Anseio ver novas publicações neste blog!
A escrita tem disso, cria elos invisíveis...=)
Abraços
Rafael Seidel.
Esqueci de postar meu e-mail:
rafael_seidel@hotmail.com
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