La carta me la había dejado en la cartuchera mientras estábamos en el recreo. Estaba escrita con letras recortadas de una revista y decía: “Gastón, soy tu admiradora secreta. Me gustás mucho, anónimo”. Yo estaba en tercer grado y no sabía bien qué significaban algunas palabras así que le pregunté a media escuela quién se llamaba Anónimo. Todos me decían que no lo conocían hasta que una compañera se me acercó y me dijo: “yo soy anónimo, no busques más”. Y yo, más boludo imposible, le contesté: “pero pará, ¿vos no te llamás María Clara?”.
19/12/09
La carta me la había dejado en la cartuchera mientras estábamos en el recreo. Estaba escrita con letras recortadas de una revista y decía: “Gastón, soy tu admiradora secreta. Me gustás mucho, anónimo”. Yo estaba en tercer grado y no sabía bien qué significaban algunas palabras así que le pregunté a media escuela quién se llamaba Anónimo. Todos me decían que no lo conocían hasta que una compañera se me acercó y me dijo: “yo soy anónimo, no busques más”. Y yo, más boludo imposible, le contesté: “pero pará, ¿vos no te llamás María Clara?”.
6/12/09
Hace dos años vine a estudiar a Buenos Aires. A los meses de mudarme, mi hermana trajo un gato a mi casa de Bahía. A mí me sonaba raro porque mi familia siempre fue fóbica a las mascotas. Mi mamá se quejaba de que los animales rompían todo y mi papá de que ya bastante bestias éramos nosotros. Pero, de la noche a la mañana, ahí estaba el gato: peludo y más chico que una mano, apenas si abría los ojos. En mi casa nunca se supo bien la mitología cristiana así que le pusieron de nombre Gaspar porque “era todo negro”. Después nos enteramos de que el negro de los reyes magos se llamaba Baltasar pero el gato ya tenía dos meses y no había vuelta atrás. Al principio me caía bien la nueva mascota familiar y cuando volvía a Bahía en vacaciones me divertía peleándolo con una rama. Pero, con el tiempo, empecé a notar algo raro. Mi mamá a veces se confundía y le decía “Gasti” en vez de “Gaspi”, mi hermana lo llamaba “hijito” y el gato comía mejor que yo. No es que sea celoso pero la semana pasada estuve buscando en Google si existe el felinicidio.
28/11/09
Reviso los libros que leía cuando era chico y encuentro uno de Pinocho. Doy vuelta algunas páginas y leo:“-Cuando los muertos lloran, es señal de que empiezan a recuperarse -dijo el cuervo con solemnidad.
-Lamento contradecir a mi famoso amigo y colega -dijo el búho-, pero yo creo que cuando los muertos lloran es porque no quieren morir.”
¿Habrá sido Pinocho el primero que me dijo que la vida un día termina?
15/11/09
Quiero ser un pendejo 4
Si hay algo que salta a la vista es que los pendeviejos son gorilas. Odian a los cabecitas, aman la comida gourmet y siempre están en la última. Se definen como hombres modernos antes que como metrosexuales. Algunos dirán que son gatos, que un hombre no puede usar cremas ni vivir todo el día en el gym. A ellos no les interesa porque se consideran tipos comunes, tipos de familia. A veces salen en la tele diciendo que no hay familia sin seguridad, que son hijos de inmigrantes, como vos, como yo, y que ayudame, ¿me ayudás?
Si hay algo que salta a la vista es que los pendeviejos son gorilas. Odian a los cabecitas, aman la comida gourmet y siempre están en la última. Se definen como hombres modernos antes que como metrosexuales. Algunos dirán que son gatos, que un hombre no puede usar cremas ni vivir todo el día en el gym. A ellos no les interesa porque se consideran tipos comunes, tipos de familia. A veces salen en la tele diciendo que no hay familia sin seguridad, que son hijos de inmigrantes, como vos, como yo, y que ayudame, ¿me ayudás?
9/11/09
Quiero ser un pendejo 3Una rubia le cuenta a un cincuentón que cuando era chica festejaba sus cumpleaños en el Pumper Nic, ése que quedaba en Florida casi llegando a Lavalle. Él le dice que sí, que llevaba ahí a sus hijos cuando eran chicos. Los dos se ríen y ella dice: “qué loco, ¿no? Las vueltas que da la vida”.
3/11/09

Quiero ser un pendejo 2
En la mesa de al lado se sienta una pareja. Él es italiano, musculoso y re careta. Habla de Praga, París y New York mientras ella le cuenta de Liniers, Florencio Varela y Morón. Cuarentón pero mantenido, alguna que otra cana, pide un Absolut Vodka. Le dice a ella en un español medio atravesado que se corra para allá, que le quiere tomar una foto y saca su iphone. Ella se ríe y él le dice que es una princhipesa; ella se vuelve a reír y él dice uno, due, tre, ¡whisky! Los dos miran la foto, salí horrible, no digas eso si eres hermosa, la Reina del Plata, la ragazza più bella del mondo. Entre tanto piropo, suena el iphone, un ringtone de electro house, y con el punchi punchi de fondo ella le pregunta quién te llama y él se hace el boludo, le dice nadie, no importa, otra foto: uno, due, tre, ¡whisky!
20/10/09
Quiero ser un pendejo 1
Llegan de Palermo, Belgrano y Recoleta e invaden de a poco los bares. Ellos, cuarenta y pico, chomba cocodrilo y botas muy top. Ellas, adolescentes mi-mamá-me-mima, lentes grandes y carterita trucha de Louis Vitton. Las menos prudentes usan shorcitos que dejan poco a la imaginación. Las recatadas, pollera tres cuartos o babucha. Ellos tienen pancita de cerveza y se prometen bajarla el finde haciendo footing. Ellas se quejan de que no tienen el culo de Araceli González, de que ojalá tuvieran las tetas de la Prandi, de que la ropa ya no les entra. Pero a ellos no les importa. Son las ocho y una pareja llega tras otra. Es sábado a la noche y Puerto Madero se llena de pendeviejos y pendejas.
28/9/09
Veo veo, ¿qué ves?, otra oferta, ¿cuál es?, no tengo cambio, más chico ¿no tenés? Caja cerrada, pasá por caja rápida; che vos, no te colés. Mamá, mamá, dale, compramelo; el quiero, quiero lo dejamos en casa, y ahora ¿qué querés? Participá, ganá, ahorrá: encargado de limpieza se lo solicita en caja diez. Efectivo o tarjeta, quince por ciento de descuento en lácteos y perfumería; no compres ese vino porque no llegamos a fin de mes. No me quedan más monedas, acá está su vuelto, sesenta y ocho con noventa y seis. Recargá tu celular al instante, Pago Fácil, Rapipago, todo lo que buscás, acá lo tenés. Sí amor, recién salí de la ofi, estoy en el súper. Viste qué cara está la papa, si serán sinvergüenzas los del Indec. Veintisiete años cerca tuyo, el que rompe paga, mejor no toqués. Veo veo, ¿qué ves?, otra oferta, ¿cuál es? Son re contra mil ofertas del mes: ¡Carrefour lo hizo otra vez!
7/9/09
Diario de un combatienteMe fijé qué hora era en la pantalla de SubteTV y noté que una vez más estaba llegando tarde a la facu. Intenté imaginar alguna forma de evitar la falta. Ya estaba al borde de la depresión al darme cuenta de que no soy Forrest Gump ni mucho menos Superman, cuando por suerte vi la remera de un tipo que estaba subiendo por la escalera mecánica y decía algo así como que la única lucha que se pierde es la que se abandona. Así, con ese espíritu combativo, me propuse llegar temprano aunque tuviera que mover cielo y tierra. No sé si Evita volverá y será millones, pero lo que sí sé es que cuando sonó el piii, estación Carlos Pellegrini y se abrieron las puertas, subimos, si no millones, al menos un cuarto de la ciudad de Buenos Aires. Pero yo, ni tonto ni perezoso, me abalancé sobre el primer asiento que vi libre: “llegaré tarde –pensé–, pero viajar parado, jamás”. Acababa de arrancar el subte, cuando sentí que algo me vibraba; agarré el celular y leí “llamada entrante, mamá”. “Sí, cómo estás má, estoy yendo a la facu, te escucho medio mal. Viste que te llamé esta mañana, vos que sabés de Historia, ¿por qué si Hobsbawm es marxista plantea que…” y la pregunta seguía, pero no los quiero embolar. Y mi vieja que me respondía con estructura, superestructura, determinación en última instancia y no sé qué más. Y yo diciéndole que sí, que claro, que bueno, te llamo más tarde, gracias má. Apenas le corté, un señor de lentes que estaba sentado al lado me dice: “discúlpame que me meta, las paredes no escuchan pero yo sí y te quería explicar que no es que Hobsbawm descarta lo económico” y después algo así como que la vulgata, el marxismo ortodoxo y la Guerra Nuclear. Un cuarentón de traje y corbata nos miraba con cara de no entender nada; al rato se dio vuelta y siguió leyendo Padre rico, padre pobre, un best-seller mundial. El tipo de lentes parecía especialista en el tema y pensé qué bueno que estaba sentarse al lado de alguien que tenía la respuesta a lo que justo quería preguntar: una especie de Google, pero en la vida real. Dijo ser profesor de Teoría Política y supuse creerle, pero mientras nos bajábamos en la estación Ángel Gallardo, vi cómo en el andén nos esperaba riéndose un tal Carlos Marx.
29/8/09
En un primer momento pensó que era una pelusa algo más grande de lo normal aunque supuso que, más allá de eso, no dejaba de ser una simple pelusa. Cuando empezó a moverse se dio cuenta de que su primer juicio estaba errado: las pelusas, en general, no se mueven. Pero se dijo a sí mismo: “debe ser un día bastante ventoso, después voy a tener que barrer la tierra que entre por debajo de la puerta”. Volvió a apoyar su cabeza sobre la almohada e intentó seguir durmiendo. Aunque, curioso como era, mantuvo los ojos entreabiertos y vio que algo continuaba moviéndose. “¿Tanto viento habrá?”, se preguntó. Afinó la mirada y de repente la vio. Después de pegar un grito, saltó de la cama. La mancha apareció definida: se trataba, en verdad, de una cucaracha. Ya estaba a punto de tomar una zapatilla para darle fin a la vida del insecto cuando se imaginó a sí mismo llevando a cabo un acto tan cruel. Pensó en los padres de la cucaracha, el llanto por la pérdida de su hijo; él, que tan bueno se creía, siendo el destructor de una familia artrópoda. Debatió consigo mismo sobre la posibilidad del ser o el no ser del insecto, se cuestionó si las cucarachas tendrían también un cielo y un infierno y, en tal caso, cuál hubiera sido el destino del bicho que tenía en frente suyo. Lo miró de nuevo y parecía haber sido un buen hijo del Señor: movía las antenas de una manera tan inocente que de ninguna forma podría haber cometido algún pecado.
Pero el insecto seguía ahí y él no podía permitirse un nuevo inquilino en su hogar. Tal vez en un futuro cuando viviera en una casa de dos pisos aceptaría cohabitar con una cucaracha pero, por el momento, ya tenía demasiado con su esposa y tres hijos. Decidió matarla de una forma menos cruel: un zapatillazo, recapacitó, era demasiado. Inspeccionó la alacena y encontró un tarro de Raid que, como leyó en la etiqueta, las mata bien muertas. Estaba a punto de rociar al insecto cuando se acordó de un libro que había leído en su juventud en donde el protagonista se transformaba en una cucaracha. Pensó: “¿y si este bicho tan feo es mi esposa?”. Después de todo, no la había visto esa mañana, así que tal vez, mientras dormían, se había convertido en un insecto. Tomó el celular y la llamó. “Ay amor, que bueno que seas vos, estás bien, ¿no? Porque sabés que justo acá encontré una cucaracha y te acordás de ese libro que un tipo se transforma en un insecto, entonces nada, por un momento pensé: ¿y si mi cuchi cuchi ahora es este bicho?”. Del otro lado silencio. “Vos te das cuenta, yo sé que después del casamiento empecé a engordar y ya no tengo el mismo cuerpo que a los veinte, pero esto es el colmo, el colmo, ¿ahora me confundís con una cucaracha?”. “No mi amor, si vos sabés que yo te amo, si siempre te digo que sos la más linda del mundo.” La esposa no cedía: “¡bicho tu abuela!, a mí no me llamás así, esto lo vamos a hablar en casa, porque no puede ser que…” cuando, de repente, la cucaracha se metió debajo de la cama. Apagó el celular y decidió, de una vez por todas, matarla. Intentó con palos, escobas y aspiradoras hacerla salir pero no obtuvo ningún resultado. Buscó alguna manera ingeniosa de atraerla y comenzó a bailar aquel viejo tema que escuchaba en su adolescencia. Movió la cadera para un lado y empezó: pisa la cucaracha, matá la cucaracha, ¡elimina cucaracha! El insecto, ante tanto movimiento, asomó la cabeza por el costado de la cama. De repente se sintió avergonzado: ya tenía cuarenta años como para andar bailando temas de su juventud. “Ah, esa sí que era una buena época”, suspiró. Pero no era momento de ponerse nostálgico. Miró la cucaracha y decidió, para no sentirse culpable, que la tiraría a la calle. El destino decidiría si el bicho se merecía o no seguir viviendo. Lo tomó de las antenas y lo arrojó por la ventana. Y pobre la cucaracha, tirada en la vereda, ya no puede caminar, porque le falta, porque le falta, la patita de atrás.
13/8/09
Cuando apareció el primer hipermercado, los vecinos sentimos un alivio: ya había pasado la época de los súper y el mercadito de acá a la vuelta era parte de la prehistoria; así que cuando nos dimos cuenta de que nuestro barrio había definitivamente entrado en la era de lo “híper” nos tranquilizamos todos un poco. No es que seamos hipermodernos ni tampoco hipersensibles pero ver que alguien se animaba a invertir en nuestras cuadras significaba que en verdad no estaban tan venidas a menos; que si bien a las puertas de roble no les quedaba ni rastro de barniz, no había mal que dure cien años ni tampoco barrio que lo resista.
La abuela fue la primera que intentó pronunciarlo: dijo algo así como uoluart, pero mi hermana, que siempre la tuvo re clara en inglés, le explicó: “no es uoluart, es Wal Mart”. Yo le pregunté cómo se pronunciaba la estrellita que estaba en el medio pero ahí no me supo responder y que vos siempre le buscás la quinta pata al gato, qué importa la estrellita, es Wal Mart. Mejor no preguntar, entonces, y uno a uno todos los vecinos fuimos entrando por una puerta que se abría sola: las maravillas de la tecnología, diría después mi papá. Me acuerdo de que mi primo me contó que en una ciudad de Italia la gente navegaba en góndolas, y yo le dije algo así como que los hipermercados tenían góndolas pero no eran botes; él ya no me escuchaba, me había subido al primer carrito que tenía a mano y me hacía navegar por los pasillos. En pocos minutos, pasábamos de la verdulería con el olor de los kiwis que se mezclaba con el de la espinaca, a la sección de alimentos para perros. Un día miré para arriba y vi una cara amarilla que me sonreía, le devolví el gesto y leí “precios bajos, siempre”. Me imaginé los precios bajos, yo ya había crecido porque estaba en quinto y la señorita decía que éramos chicos grandes y que no podía ser que nos sigamos portando como los de primero. Pero no importaba, el hecho es que ya medía un metro treinta y me daban un poco de lástima esos precios que todavía no habían crecido.
De fondo se escuchaban las ofertas del mes, alguien que repetía “llevá dos, pagá uno”, mi primo diciendo ni loco, ya bastante pesás vos, mirá que voy a llevar dos si apenas puedo con uno. Y yo pegándole y gritándole que no me trate de gordo, el carrito que volvía a andar y terminábamos en la sección de electrónica. Nos fascinaba todo: los televisores, las computadoras, los videojuegos en tres dé. Y así como si nada, aparecía mi hermana que ya había paseado por los pasillos de cosmética y ropa femenina y me preguntaba si me había dado cuenta de la luz tan blanca del Wal Mart –le encantaba pronunciarlo en inglés–, y yo diciéndole que sí, que estaba tan pálida, que tal vez esa luz nos termine haciendo blancos, como a Michael Jackson. Y ella me aclaraba que no, que ése se había bañado en leche y los dos nos imaginábamos miles de sachets volando por encima de las góndolas, la leche blanca cayendo, la vía láctea en un hipermercado. No teníamos tiempo para terminar de hacernos la escena, cuando papá y mamá ya nos estaban pidiendo que nos quedemos haciendo la cola, que no nos movamos de ahí y de repente una señora que nos decía: “buen día, bienvenidos a Wal Mart” (mi hermana orgullosa: “yo lo pronuncio mejor”).
Con el tiempo, volvimos de los híper a los súper y mi mamá asegura que ya no hay héroes. Mi abuela está contenta porque no tiene que aprender inglés y mi papá dice que extraña las puertas que se abren solas. Yo de vez en cuando voy al mercadito de acá a la vuelta, aunque la otra vez vi a un chino llorando en la tevé.
La abuela fue la primera que intentó pronunciarlo: dijo algo así como uoluart, pero mi hermana, que siempre la tuvo re clara en inglés, le explicó: “no es uoluart, es Wal Mart”. Yo le pregunté cómo se pronunciaba la estrellita que estaba en el medio pero ahí no me supo responder y que vos siempre le buscás la quinta pata al gato, qué importa la estrellita, es Wal Mart. Mejor no preguntar, entonces, y uno a uno todos los vecinos fuimos entrando por una puerta que se abría sola: las maravillas de la tecnología, diría después mi papá. Me acuerdo de que mi primo me contó que en una ciudad de Italia la gente navegaba en góndolas, y yo le dije algo así como que los hipermercados tenían góndolas pero no eran botes; él ya no me escuchaba, me había subido al primer carrito que tenía a mano y me hacía navegar por los pasillos. En pocos minutos, pasábamos de la verdulería con el olor de los kiwis que se mezclaba con el de la espinaca, a la sección de alimentos para perros. Un día miré para arriba y vi una cara amarilla que me sonreía, le devolví el gesto y leí “precios bajos, siempre”. Me imaginé los precios bajos, yo ya había crecido porque estaba en quinto y la señorita decía que éramos chicos grandes y que no podía ser que nos sigamos portando como los de primero. Pero no importaba, el hecho es que ya medía un metro treinta y me daban un poco de lástima esos precios que todavía no habían crecido.
De fondo se escuchaban las ofertas del mes, alguien que repetía “llevá dos, pagá uno”, mi primo diciendo ni loco, ya bastante pesás vos, mirá que voy a llevar dos si apenas puedo con uno. Y yo pegándole y gritándole que no me trate de gordo, el carrito que volvía a andar y terminábamos en la sección de electrónica. Nos fascinaba todo: los televisores, las computadoras, los videojuegos en tres dé. Y así como si nada, aparecía mi hermana que ya había paseado por los pasillos de cosmética y ropa femenina y me preguntaba si me había dado cuenta de la luz tan blanca del Wal Mart –le encantaba pronunciarlo en inglés–, y yo diciéndole que sí, que estaba tan pálida, que tal vez esa luz nos termine haciendo blancos, como a Michael Jackson. Y ella me aclaraba que no, que ése se había bañado en leche y los dos nos imaginábamos miles de sachets volando por encima de las góndolas, la leche blanca cayendo, la vía láctea en un hipermercado. No teníamos tiempo para terminar de hacernos la escena, cuando papá y mamá ya nos estaban pidiendo que nos quedemos haciendo la cola, que no nos movamos de ahí y de repente una señora que nos decía: “buen día, bienvenidos a Wal Mart” (mi hermana orgullosa: “yo lo pronuncio mejor”).
Con el tiempo, volvimos de los híper a los súper y mi mamá asegura que ya no hay héroes. Mi abuela está contenta porque no tiene que aprender inglés y mi papá dice que extraña las puertas que se abren solas. Yo de vez en cuando voy al mercadito de acá a la vuelta, aunque la otra vez vi a un chino llorando en la tevé.
13/7/09
29/6/09
6/6/09
Una especie de reciente aparición en el territorio argentino ha sido el pastor brasileño. Mamífero de la familia evangelius, su extendido período de celo ha provocado la reproducción desmedida de este animal. Los biólogos aún discuten si se trata o no de una plaga.
El origen de este cuadrúpedo se sitúa en el Amazonas de Brasil, donde el clima benevolente y la excelente disponibilidad de alimento han posibilitado un rápido desarrollo de esta especie. Diversos especialistas en el tema afirman que, debido a la persistente tala de dicha selva, este mamífero ha decidido emigrar a tierras aledañas.
Los pastores brasileños suelen ser de contextura grande o, como se dice coloquialmente, “rellenitos”. Algunos científicos sugieren que tal vez se deba a una excesiva ingesta del “pan de cada día”. Además de este alimento, la dieta de este animal es a base de arroz blanco y feijão.
Se adaptan a diversos hábitats: la Iglesia Universal del Reino de Dios, ciertos canales de televisión y las variadas mansiones en donde viven. En la TV gustan de aparecer a la noche en donde prometen diferentes milagros a cambio de cierta cantidad de dinero. Debido a esto, los mitólogos han comparado a este mamífero con las sirenas: el canto atractivo –afirman– puede ser mortal.
No ladran ni maúllan, pero suelen emitir una y otra vez el mismo sonido: ¡pare de sufrir!. El lenguaje que utilizan es más bien gestual, aunque en ciertas ocasiones llega a ser verbal. Suelen inventar neologismos como “hoy tenemos una persona dolida de sentimiento”, creando así una mezcla extraña entre el español y el portugués. Sin embargo, especialistas en comunicación animal afirman que el pastor brasileño posee un lenguaje más evolucionado que otros especímenes provenientes de Brasil, a saber, Anamá Ferreira que, luego de treinta años de vivir en tierras hispanohablantes, todavía dice “bom dia”. De este modo, los pastores brasileños se ubican, en la cadena evolutiva, entre Anamá Ferreira y el homo sapiens.
Ciertos hábitos de esta especie son: pedir limosna, sacar demonios, prometer una vida mejor después de la muerte, bendecir en el nombre de Cristo y vender agua bendita por televisión. En este último caso se emparentan con otro miembro del reino animal, el vendedor de Sprayette, quien también profetiza múltiples desgracias en caso de no llamar en los próximos treinta minutos.
Aún se encuentra en discusión el supuesto poder curativo de este mamífero. Algunos etólogos sostienen que son capaces de salvar a una persona de la drogadicción, la anorexia, el alcoholismo, el SIDA, las peleas familiares, la envidia, los demonios, la mala suerte, la discapacidad motriz, el hambre, la gula y la avaricia. Para todo esto, claro está, ¡llame ya!
El origen de este cuadrúpedo se sitúa en el Amazonas de Brasil, donde el clima benevolente y la excelente disponibilidad de alimento han posibilitado un rápido desarrollo de esta especie. Diversos especialistas en el tema afirman que, debido a la persistente tala de dicha selva, este mamífero ha decidido emigrar a tierras aledañas.
Los pastores brasileños suelen ser de contextura grande o, como se dice coloquialmente, “rellenitos”. Algunos científicos sugieren que tal vez se deba a una excesiva ingesta del “pan de cada día”. Además de este alimento, la dieta de este animal es a base de arroz blanco y feijão.
Se adaptan a diversos hábitats: la Iglesia Universal del Reino de Dios, ciertos canales de televisión y las variadas mansiones en donde viven. En la TV gustan de aparecer a la noche en donde prometen diferentes milagros a cambio de cierta cantidad de dinero. Debido a esto, los mitólogos han comparado a este mamífero con las sirenas: el canto atractivo –afirman– puede ser mortal.
No ladran ni maúllan, pero suelen emitir una y otra vez el mismo sonido: ¡pare de sufrir!. El lenguaje que utilizan es más bien gestual, aunque en ciertas ocasiones llega a ser verbal. Suelen inventar neologismos como “hoy tenemos una persona dolida de sentimiento”, creando así una mezcla extraña entre el español y el portugués. Sin embargo, especialistas en comunicación animal afirman que el pastor brasileño posee un lenguaje más evolucionado que otros especímenes provenientes de Brasil, a saber, Anamá Ferreira que, luego de treinta años de vivir en tierras hispanohablantes, todavía dice “bom dia”. De este modo, los pastores brasileños se ubican, en la cadena evolutiva, entre Anamá Ferreira y el homo sapiens.
Ciertos hábitos de esta especie son: pedir limosna, sacar demonios, prometer una vida mejor después de la muerte, bendecir en el nombre de Cristo y vender agua bendita por televisión. En este último caso se emparentan con otro miembro del reino animal, el vendedor de Sprayette, quien también profetiza múltiples desgracias en caso de no llamar en los próximos treinta minutos.
Aún se encuentra en discusión el supuesto poder curativo de este mamífero. Algunos etólogos sostienen que son capaces de salvar a una persona de la drogadicción, la anorexia, el alcoholismo, el SIDA, las peleas familiares, la envidia, los demonios, la mala suerte, la discapacidad motriz, el hambre, la gula y la avaricia. Para todo esto, claro está, ¡llame ya!
Este animal suele ser depredador de Xuxa, un espécimen que también proviene de Brasil. Gracias a diversas organizaciones ecologistas, aún no han podido extinguirla. Así, mientras los pastores brasileños auguran un futuro aterrador, invocan a los mil demonios y vaticinan el Apocalipsis, Xuxa sigue cantando: “todo el mundo está feliz, ¡muy feliz!”.
21/5/09
Ayer estaba leyendo el diario y un titular decía: “Un barco estadounidense logró escapar del ataque de piratas somalíes”. De repente me sentí como si viviera en el siglo dieciséis. ¿Cómo será un pirata posmoderno? ¿Usará parche o ya estará demodé? Me pregunto si su película favorita será Piratas del Caribe o no habrá llegado a su barco un reproductor de DVD. Pero volviendo al diario, ¿cómo hubiesen sido los titulares de otras épocas? “Un loco dice ser hijo de Dios”. “Nerón pirómano: decidió incendiar Roma”. “Terminó el cuaternario: chau a las glaciaciones”. “Ganamos la lucha contra el Hombre de Neandertal”. ¿Algo de todo eso habrá existido? Cuando se peleaban los emperadores del Imperio Romano, ¿habrá vivido alguna Viviana Canosa que cubriese el evento? Piratas de nuestro siglo, Rial hablando en latín, Jesús que tiene un blog en Internet. Siento que nací en un tiempo que no termino de entender.
5/5/09
El primer día que fui a la facultad me sentí como Harry Potter entrando a un Hogwarts tercermundista. No es que la UBA no tuviera su encanto pero, claro está, una cosa es la magia que se aprende en Inglaterra y otra la que nos enseñan en la Argentina. Cuando era chico esperaba ansiosamente cumplir once para recibir una carta que dijera que no era un chico común sino un mago. Cuando llegó mi cumpleaños, me quedé hasta bien tarde aunque ninguna lechuza mensajera se asomó por el barrio. Concluí que tal vez se había extraviado la carta pero, seguramente, me llegaría otro día. Mientras tanto, cuando iba al campo de mis abuelos, practicaba con alguna rama tirada, la convertía mágicamente en una varita y decía “wingardium leviosa”. La pronunciación no debió haber sido la mejor porque nunca logré levitar nada. Al final, me terminé conformando con el videojuego de Harry Potter y ver que al menos, en la pantalla, los trucos sí funcionaban.
26/4/09
Receta para hacer una maestra ciruelaIngredientes: una maestra, treinta alumnos, polvo de tiza (a gusto), un borrador. Preparación: se coloca la maestra en un aula, se revuelve con los chicos que no paran de hablar, la maestra que se enoja y acerca el dedo índice a los labios, lo ubica de forma vertical, sacude la otra mano y repite: la lechuza la lechuza hace sh hace sh todos calladitos como la lechuza que hace sh que hace sh. Una vez bien mezclada la masa, al ver la maestra que los alumnos no se callan, procede a tomar el borrador, lo golpea en el pizarrón, grita una vez: “chicos, ¡hagan silencio!”, les pregunta: “chicos, ¿en qué idioma les hablo? ¿en chino? ¡les dije que hagan silencio!”, los chicos que no entienden, los chinos tampoco, el borrador que sigue golpeando el pizarrón, el polvo de tiza que cae sobre el piso, la maestra que insiste: “¿qué se piensan, que esto es una cancha de fútbol?”. Cuando la mezcla adquiere forma consistente, se la lleva al horno, de repente se hace silencio y, entonces, para romper el hielo, se grita bien fuerte: “¡honor y gratitud, al gran Sarmiento!”.
11/4/09
No me acuerdo la primera vez que hice clic en Inicio. Desde ese día al día de hoy, menos aún sé la cantidad de veces que apreté la opción “Aceptar” o “Cancelar”. Lo que sí me acuerdo son los primeros días que estrenamos compu en casa. Era, para todos, un objeto sagrado, el comentario de la familia, algo que mejor no tocar, no vaya a ser cosa que la rompás. Como los días pasaban y nadie se animaba, mi mamá decidió llamar a Sandra, una profe de computación. Hablaba con palabras difíciles que tardé mucho en asociar: ésta es la memoria ROM, que es diferente a la memoria RAM, éste es el CPU y éste es Winamp. Entendí todo lo que me interesaba: cómo ir a Programas y después Accesorios para jugar al Buscaminas o al Solitario, cómo hacer dibujos malísimos en el Paint o cómo escribir cartas que nunca iba a enviar.
Con los años, la compu pasó de estar prendida media hora a casi no ser apagada. De a poco, fuimos cambiando el Buscaminas por el Counter Strike, el ICQ por el Skype, el Solitario por el chat. A Internet un día entré y hasta el día de hoy no puedo escapar. Algunos dicen qué tanto habrá. No sé si hay tanto, pero algo sí hay. Nombro, por ejemplo, Wikipedia, Youtube y algún que otro diario online. Todavía no encontré ningún amor por Internet, pero bien vale intentar. A veces me pregunto: si Julieta hubiese nacido en el siglo veintiuno, ¿conocería a Romeo por el chat? ¿Escribiría como mensaje para mostrar “oh Romeo, Romeo, dónde estás que no te veo”? Romeo y Julieta, ¿tendrían un romance virtual?
Del Inicio de la primera compu quedó poco. En el Windows actual ni siquiera aparece la palabra: hay un logo y un círculo, y nada más. La barra de tareas ya no es gris y el MSN ahora se llama Messenger Live. Como dice un viejo tema: cambia, todo cambia. Con el tiempo, Windows y yo también cambiamos.
Con los años, la compu pasó de estar prendida media hora a casi no ser apagada. De a poco, fuimos cambiando el Buscaminas por el Counter Strike, el ICQ por el Skype, el Solitario por el chat. A Internet un día entré y hasta el día de hoy no puedo escapar. Algunos dicen qué tanto habrá. No sé si hay tanto, pero algo sí hay. Nombro, por ejemplo, Wikipedia, Youtube y algún que otro diario online. Todavía no encontré ningún amor por Internet, pero bien vale intentar. A veces me pregunto: si Julieta hubiese nacido en el siglo veintiuno, ¿conocería a Romeo por el chat? ¿Escribiría como mensaje para mostrar “oh Romeo, Romeo, dónde estás que no te veo”? Romeo y Julieta, ¿tendrían un romance virtual?
Del Inicio de la primera compu quedó poco. En el Windows actual ni siquiera aparece la palabra: hay un logo y un círculo, y nada más. La barra de tareas ya no es gris y el MSN ahora se llama Messenger Live. Como dice un viejo tema: cambia, todo cambia. Con el tiempo, Windows y yo también cambiamos.
27/3/09
La camisa y la corbata, el pantalón de vestir y las plantas del patio que teníamos en la casa de la Avenida Colón. Los dientes de leche apenas me habían crecido, pero ya sabía decir “primer día”. Mi mamá detrás de cámara, un acontecimiento familiar: el más chico de la familia empieza la primaria. El uniforme de la escuela delata la historia que en ese momento no entendía: una corbata menemista, una camisa privatizada.
La ilusión del primer día; la pose canchera y la mirada de no entiendo nada. Mi nombre, de repente, una estrella: “Gastón” en el liquid paper, en la voligoma, en las lapiceras, en el sacapuntas. Sí, presente señorita. Sí, soy yo. Sí, soy el hermano de.
La entrada a un mundo nuevo: mi mamá me mima, composición tema la vaca. En primer grado ya somos todos grandecitos, esto no es el jardín, yo soy la seño Susana. En fin, la escuela primaria.
6/3/09
10/12/08
siempre que pienso en dictaduras pienso en psicoanálisis: argentina es un país que, pese a su juventud, padeció cinco abusos en su infancia. como todo abuso, el fantasma del golpe parece ser un trauma al que la historia de esta región vuelve de forma patológica una y otra vez. hoy, veinticinco años después, nuestro país sigue, como puede, este camino de la democracia. y, volviendo al psicoanálisis, si hay algo que también aprendimos de Freud es que las heridas se curan hablándolas: terapia es, básicamente, cura por la palabra. palabra que, a su vez, es base de toda democracia. alfonsín veinticinco años atrás decía: "con la democracia se come, se cura y se educa". una frase que, al menos hoy, estaría bueno pensarla.
30/10/08
ya lo dijo Albus Dumbledore: "se vienen tiempos difíciles, Harry".
sé que es cliché decirlo, pero no deja de ser real: cuando los ricos se equivocan, bancos, gobiernos y cumbres mundiales los ayudan. ahora bien, cuando los pobres se equivocan: qué horror, qué asesinos.
*
y bueno, nada, viva la inseguridad!
13/9/08
Todo me sorprende. A veces tengo la sensación de que hace una hora que he venido a la tierra y de que todo es nuevo, flamante, hermoso. Entonces abrazaría a la gente por la calle, me pararía en medio de la vereda para decirles: ¿Pero ustedes por qué andan con esas caras tan tristes? Si la vida es linda, linda...
*
dios, alá, buda: los amo a todos.
gracias, gracias.
¡la puta, que vale la pena estar vivo!
1/9/08
Limpian vidrios, venden desde flores hasta autitos de juguete, hacen malabarismos, piden limosna, arrastran muletas con expresión mendicante, muestran un certificado donde "consta" que están enfermos de sida. También hay otros que balbucean un torpe castellano para pedir una moneda y decir que son rumanos o bosnios, exhiben sus chicos con un cartel de "desocupado". Cada vez más personas aguzan el ingenio para sobrevivir en Buenos Aires.Figueroa Alcorta, Leandro Alem, Paseo Colón, Florida, 9 de Julio, Callao, son las calles preferidas por este pequeño ejército de excluidos de toda protección social. A toda hora del día, puede verse a las tristes mujeres rumanas con sus hijos en brazos, a discapacitados que imploran un "ayúdeme", a vendedores de parasoles, cañas de pescar, inflables para las piletas y otros artículos de verano. Están, también, los que piden "una moneda para el colectivo", y a veces aparecen algunos "veteranos" de Malvinas, que solicitan una "colaboración".
(Clarín, 18/02/2001)
19/8/08

empecé el segundo cuatrimestre y me cuestiono,
si educación o represión
si institución o anarquía
si crecimiento o
me acuerdo que cuando era chico lo mejor de empezar las clases pasaba unos días antes.
yo sacándole punta a los lápices,
mamá que le ponía nombre a todo,
que no se pierda la goma de borrar, que no se pierda, decía;
la seño hablando de respeto y no hagamos lo que no nos gustaría que nos hagan, esa ética tan démodé: la escuela.
la escuela, que me ilusionaba; el primer día, la vuelta al cole.
la facu no tiene esa magia.
pero, mientras escribo esto confieso que me copé leyendo un texto de sociología.
La persona lectora no obtendrá de este libro grandes recetas para cambiar la vida ni grandes incitaciones a cambiarla, pero sí algunas consideraciones sobre el hecho de que las cosas no son necesariamente, naturalmente, como son ahora y aquí. Saberlo le resultará útil para contestar a algunos entusiastas del orden y el desorden establecidos, que a menudo dicen que "es bueno y es natural esto y aquello", y poder decirles educadamente "veamos si es bueno o no, porque natural no es".
aprendiste la palabra solidaridad en el mismo lugar que aprendiste a escribirla.
la escuela es el lugar donde aprenden los chicos.
nunca dejé que la escuela entorpeciera mi educación.
un poco, un poco de todo esto.
18/6/08
3/6/08

tuve un típico fin de semana de turista, fotito en el obelisco de por medio. vino mariana a mi casa, una gran amiga, y aprovechamos a hacer algo de city tour: palermo soho, malba, arteBA, congreso, puerto madero, recoleta.
buenos aires hoy en día se parece a una prostituta que se regala por poco. que se regala de puro placer. y así, la marea de turistas-clientes pasa una, dos, tres noches, las que sean: todo x $2.
buenos aires, puta barata. aunque como turista digo: puta sí, pero con estilo.
15/5/08
14/5/08
como todos seguro tendrán su anécdota con el paro de subte, yo también tengo la mía y paso a contárselas. resulta que salía de la facu muy contento porque había aprobado economía y como el yin y el yan dice que nada puede ser ni tan bueno ni tan malo, llego a la estación y changos! paro de subte. le pregunto al señor de la pescadería si conocía algún colectivo que me dejara cerca de casa y me responde, entre olor a gente-que-no-se-lava-ahí, que me tome el 26. voy a la parada, subo y cual será mi mala dicha que me toca sentarme al lado de una señora mayor muy malhumorada porque "todos esos vagos atorrantes del gremio del subte que no hacen nada, que miran el techo con cara de pavos y que encima se dignan a hacer una huelga. no, no, si tendría que volver la dictadura acá". y yo, que no soy derecho pero sí humano, le respondo "pero bueno, un poco de paciencia". ¡para qué! "claro vos porque sos joven, pero a esta edad... ¡por favor!" y así dos horas de mi peor viaje en bondi, la vieja que planteba un apocálipsis por tres horas sin subte, la gente apretada en el colectivo (algunos felices), yo con mi alegría por economía y un viaje facultad-casa que suele durar quince minutos tardó sus buenas dos horas. le sonrío a la vida igual :)
29/4/08
24/4/08
el otro día que fuimos a aroma tomé un té de ceylán y me hizo acordar a un textito de discépolo que es buenísimo. un poco de historia argentina en diez líneas.
(Enrique Santos Discépolo)

(Enrique Santos Discépolo)
21/4/08
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