Una noche me hablaste de tus ex y los definiste en dos o tres palabras: “era un pelotudo”, “no entendía nada”, “está medio loco”.
Me pregunto: ¿con qué dos o tres palabras me describirás ahora?
Ayer estaba leyendo el diario y un titular decía: “Un barco estadounidense logró escapar del ataque de piratas somalíes”. De repente me sentí como si viviera en el siglo dieciséis. ¿Cómo será un pirata posmoderno? ¿Usará parche o ya estará demodé? Me pregunto si su película favorita será Piratas del Caribe o no habrá llegado a su barco un reproductor de DVD. Pero volviendo al diario, ¿cómo hubiesen sido los titulares de otras épocas? “Un loco dice ser hijo de Dios”. “Nerón pirómano: decidió incendiar Roma”. “Terminó el cuaternario: chau a las glaciaciones”. “Ganamos la lucha contra el Hombre de Neandertal”. ¿Algo de todo eso habrá existido? Cuando se peleaban los emperadores del Imperio Romano, ¿habrá vivido alguna Viviana Canosa que cubriese el evento? Piratas de nuestro siglo, Rial hablando en latín, Jesús que tiene un blog en Internet. Siento que nací en un tiempo que no termino de entender.
El primer día que fui a la facultad me sentí como Harry Potter entrando a un Hogwarts tercermundista. No es que la UBA no tuviera su encanto pero, claro está, una cosa es la magia que se aprende en Inglaterra y otra la que nos enseñan en la Argentina. Cuando era chico esperaba ansiosamente cumplir once para recibir una carta que dijera que no era un chico común sino un mago. Cuando llegó mi cumpleaños, me quedé hasta bien tarde aunque ninguna lechuza mensajera se asomó por el barrio. Concluí que tal vez se había extraviado la carta pero, seguramente, me llegaría otro día. Mientras tanto, cuando iba al campo de mis abuelos, practicaba con alguna rama tirada, la convertía mágicamente en una varita y decía “wingardium leviosa”. La pronunciación no debió haber sido la mejor porque nunca logré levitar nada. Al final, me terminé conformando con el videojuego de Harry Potter y ver que al menos, en la pantalla, los trucos sí funcionaban.
Receta para hacer una maestra ciruela
siempre que pienso en dictaduras pienso en psicoanálisis: argentina es un país que, pese a su juventud, padeció cinco abusos en su infancia. como todo abuso, el fantasma del golpe parece ser un trauma al que la historia de esta región vuelve de forma patológica una y otra vez. hoy, veinticinco años después, nuestro país sigue, como puede, este camino de la democracia. y, volviendo al psicoanálisis, si hay algo que también aprendimos de Freud es que las heridas se curan hablándolas: terapia es, básicamente, cura por la palabra. palabra que, a su vez, es base de toda democracia. alfonsín veinticinco años atrás decía: "con la democracia se come, se cura y se educa". una frase que, al menos hoy, estaría bueno pensarla.
Limpian vidrios, venden desde flores hasta autitos de juguete, hacen malabarismos, piden limosna, arrastran muletas con expresión mendicante, muestran un certificado donde "consta" que están enfermos de sida. También hay otros que balbucean un torpe castellano para pedir una moneda y decir que son rumanos o bosnios, exhiben sus chicos con un cartel de "desocupado". Cada vez más personas aguzan el ingenio para sobrevivir en Buenos Aires.Figueroa Alcorta, Leandro Alem, Paseo Colón, Florida, 9 de Julio, Callao, son las calles preferidas por este pequeño ejército de excluidos de toda protección social. A toda hora del día, puede verse a las tristes mujeres rumanas con sus hijos en brazos, a discapacitados que imploran un "ayúdeme", a vendedores de parasoles, cañas de pescar, inflables para las piletas y otros artículos de verano. Están, también, los que piden "una moneda para el colectivo", y a veces aparecen algunos "veteranos" de Malvinas, que solicitan una "colaboración".


como todos seguro tendrán su anécdota con el paro de subte, yo también tengo la mía y paso a contárselas. resulta que salía de la facu muy contento porque había aprobado economía y como el yin y el yan dice que nada puede ser ni tan bueno ni tan malo, llego a la estación y changos! paro de subte. le pregunto al señor de la pescadería si conocía algún colectivo que me dejara cerca de casa y me responde, entre olor a gente-que-no-se-lava-ahí, que me tome el 26. voy a la parada, subo y cual será mi mala dicha que me toca sentarme al lado de una señora mayor muy malhumorada porque "todos esos vagos atorrantes del gremio del subte que no hacen nada, que miran el techo con cara de pavos y que encima se dignan a hacer una huelga. no, no, si tendría que volver la dictadura acá". y yo, que no soy derecho pero sí humano, le respondo "pero bueno, un poco de paciencia". ¡para qué! "claro vos porque sos joven, pero a esta edad... ¡por favor!" y así dos horas de mi peor viaje en bondi, la vieja que planteba un apocálipsis por tres horas sin subte, la gente apretada en el colectivo (algunos felices), yo con mi alegría por economía y un viaje facultad-casa que suele durar quince minutos tardó sus buenas dos horas. le sonrío a la vida igual :)
